sábado, 30 de junio de 2012

LA CRÍTICA DESTRUCTIVA

Publicado por CB Ana María


Hoy voy a complacer a una lectora que me pidió que escribiera sobre “La crítica destructiva y el daño que nos hace criticar”;  por lo cual, sin ánimo de establecer especiales normas de conducta, que desde hace mucho tiempo fueron determinadas,  explano mi testimonio sobre lo que de ello creo.
Un viejo proverbio nos enseña que “Lo que más daño hace al cuerpo no es lo que entra por la boca, sino lo que del corazón sale.” Seguramente, la intención de quien lo creó fue la de indicar los males que para un individuo pudieran acarrear malintencionados criterios o palabras inconsecuentes.
 La crítica destructiva, casi siempre a espaldas del afectado, no aporta nada positivo a quien la produce ni a quien van dirigidas, porque su esencia es la de dañar, independiente de cuales fueren las consecuencias o entidad para el afectado o el grupo social en general.
 El autor de la crítica destructiva, actuando de forma soterrada con cobardía y ninguna nobleza, crea con su especulación una cortina, supuestamente protectora a sus propias frustraciones y fracasos, detrás de la cual esconde su falta de iniciativa para aportar soluciones  y su déficit personal de valentía, para alcanzar sus personales realizaciones.
 Criticar y destruir es más fácil que enaltecer y construir. En el primer caso, no se requiere ninguna grandeza o esfuerzo; pero para el segundo, la nobleza, el trabajo y la dedicación son simplemente indispensables, y desventuradamente, los valores parecieran ser hoy menos comunes que sus antivalores.
 Pero la crítica destructiva siempre actúa como un “boomerang” en contra de quien la hace, desde el mismo momento que la produce. De alguna manera, por la concepción espiritual unívoca del ser humano, se traduce en autocrítica; en principio, ensucia el alma, corroe las entrañas, disminuye la esencia divina inherente al ser humano, adicionando un nuevo temor: el éxito de los demás.
 En segundo término, cualquier consecuencia pudiere perjudicar gravemente al objeto de la crítica -con lo cual nada gana quien critica- pero de ninguna manera le beneficiará fundamentalmente. Es que el efecto autodestructivo deriva de las leyes naturales que sustentan la regla de oro de Jesús: “Haz por los demás lo que quieras que ellos hagan por ti.”  La lógica elemental nos señala que el que siembra vientos cosecha tempestades; o como decimos en Venezuela: “El que a cuchillo mata no puede morir a sombrerazos.”
Durante toda mi vida observando  a mis congéneres, he comprobado que toda acción engendra una reacción, más o menos de la misma entidad. Hasta ahora, no he encontrado personas realmente felices que acostumbren la crítica destructiva y malsana, sino todo lo contrario: siempre están amargados y… solos.
 Mi existencia está llena de experiencias edificantes, al lado de personas cuya actitud es la de disminuir los defectos de las personas y enaltecer sus pocas o muchas virtudes, cual es lo contario a la crítica destructiva. De ellos he aprendido a vivir mucho de la felicidad que hoy disfruto y que me hacen evitar y combatir a toda costa, cualquier comentario o crítica destructiva.

 Copiado de    Dr. Amauri Castillo Rincón -MsC


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dudas, información, consultas. Todo comentario fuera de lugar no será publicado.